NOMBRE DEL ALUMNO: Cristian Uriel García Martínez.
Nombre de la maestra: Doc. Ped. Olga Marisa Durán González.
Nombre de la
escuela: Centros de estudios tecnológicos industrial y de servicios. CETIS 77
Nombre de la materia: Lectura, expresión Oral y Escrita.
Nombre del
trabajo: 1er parcia (El fabricante de ataúdes).
Grado y Grupo:
1-N.
Fecha: Viernes 22
de septiembre de 2017
Proyecto 1
Los
últimos enseres del fabricante de ataúdes Adrián Prójorov se cargaron sobre el
coche fúnebre, y la pareja de rocines se arrastró por cuarta vez de la
Basmánnaya a la Nikítinskaya, calle a la que el fabricante se trasladaba con
todos los suyos. Tras cerrar la tienda, clavó a la puerta un letrero en el que
se anunciaba que la casa se vendía o arrendaba, y se dirigió a pie al nuevo
domicilio. Cerca ya de la casita amarilla, que desde hacía tanto había tentado
su imaginación y que por fin había comprado por una respetable suma, el viejo
artesano sintió con sorpresa que no había alegría en su corazón.
Al
atravesar el desconocido umbral y ver el alboroto que reinaba en su nueva
morada, suspiró recordando su vieja casucha donde a lo largo de dieciocho años
todo se había regido por el más estricto orden; comenzó a regañar a sus dos
hijas y a la sirvienta por su parsimonia, y él mismo se puso a ayudarlas.
El
lector versado sabe bien que tanto Shakespeare como Walter Scott han mostrado a
sus sepultureros como personas alegres y dadas a la broma, para así, con el
contraste, sorprender nuestra imaginación. Pero en nuestro caso, por respeto a
la verdad, no podemos seguir su ejemplo y nos vemos obligados a reconocer que
el carácter de nuestro fabricante de ataúdes casaba por entero con su lúgubre
oficio. De modo que Adrián, sentado junto a la ventana y
tomándose la séptima taza de té, se hallaba sumido como de costumbre en sus
tristes reflexiones. Pensaba en el aguacero que una semana atrás había
sorprendido justo a las puertas de la ciudad al entierro de un brigadier
retirado. Por culpa de la lluvia muchos mantos se habían encogido, y torcido
muchos sombreros. Los gastos se preveían inevitables, pues las viejas reservas
de prendas funerarias se le estaban quedando en un estado lamentable. Confiaba
en resarcirse de las pérdidas con la vieja comerciante Triújina, que estaba al
borde de la muerte desde hacía cerca de un año. Pero Triújina se estaba
muriendo en Razguliái, y Prójorov temía que sus herederos, a pesar de su
promesa, se ahorraran el esfuerzo de mandar a buscarlo tan lejos y se las
arreglaran con la funeraria más cercana.
La
puerta se abrió y un hombre en quien a primera vista se podía reconocer a un
alemán artesano entró en la habitación y con aspecto alegre se acercó al
fabricante de ataúdes.
-Excúseme,
amable vecino -dijo aquel con un acento que hasta hoy no podemos oír sin echarnos
a reír-, perdone que le moleste… Quería saludarlo cuanto antes. Soy zapatero,
me llamo Gotlib Schultz, y vivo al otro lado de la calle, en la casa que está
frente a sus ventanas. Mañana celebro mis bodas de plata y le ruego que usted y
sus hijas vengan a comer a mi casa como buenos amigos.
La
invitación fue aceptada con benevolencia. El dueño de la casa rogó al zapatero
que se sentara y tomara con él una taza de té, y gracias al natural abierto de
Gotlib Schultz, al poco se pusieron a charlar amistosamente.
Al
día siguiente, justo a las doce, el fabricante de ataúdes y sus hijas salieron
de su casa recién comprada y se dirigieron a la de su vecino. No voy a
describir ni el caftán ruso de Adrián Prójorov, ni los atavíos europeos de
Akulina y Daria, apartándome en este caso de la costumbre adoptada por los
novelistas actuales. No me parece, sin embargo, superfluo señalar que ambas
muchachas llevaban sombreritos amarillos y zapatos rojos, algo que sucedía sólo
en ocasiones solemnes.
La
estrecha vivienda del zapatero estaba repleta de invitados, en su mayoría
alemanes artesanos con sus esposas y sus oficiales. Entre los funcionarios
rusos se encontraba un guardia de garita, el finés Yurko, que, a pesar de su
humilde grado, había sabido ganarse la especial benevolencia del dueño.
Había
servido en este cargo de cuerpo y alma durante veinticinco años, como el
cartero de Pogorelski. El incendio del año doce que destruyó la primera capital
de Rusia, devoró también la garita amarilla del guardia. Pero tan pronto como
fue expulsado el enemigo, en el lugar de la garita apareció una nueva, de color
grisáceo, con blancas columnillas de estilo dórico, y Yurko volvió a ir y venir
junto a ella con «su seguro y su coraza de arpillera». Lo conocían casi todos
los alemanes que vivían cerca de la Puerta Nikitínskie, y algunos de ellos
incluso habían pasado en la garita de Yurko alguna noche del domingo al lunes.
Adrián
en seguida trabó relación con él, pues era persona a la que tarde o temprano
podría necesitar, y en cuanto los convidados se dirigieron a la mesa, se
sentaron juntos.
El
señor y la señora Schultz y su hija Lotchen, una muchacha de diecisiete años, reunidos
con los comensales, atendían juntos a los invitados y ayudaban a servir a la
cocinera. La cerveza corría sin parar. Yurko comía por cuatro: Adrián no se
quedaba atrás; sus hijas hacían remilgos; la conversación en alemán se hacía
por momentos más ruidosa
El
sol hacía horas que iluminaba la cama en la que estaba acostado el fabricante
de ataúdes. Éste por fin abrió los ojos y vio frente a él a la criada que
atizaba el fuego del samovar. Adrián recordó lleno de horror
los sucesos del día anterior.
Cuento
nos presenta a un prosaico fabricante de ataúdes que se siente ofendido en su
orgullo durante una celebración. Alguien, tal vez estimulado por el alcohol y
la camaradería, realiza una propuesta desafortunadamente: que cada uno de los
tertulianos brinde por sus clientes.
Este
oscuro fabricante de ataúdes de Alexander Pushkin decide llevar esa propuesta
hacia lo inconcebible, convocando a sus lúgubres clientes a una reunión privada
en su propia casa.
Palabras desconocidas
1. Umbral:
Pieza o escalón que forma la parte inferior
en la puerta o entrada de una casa.
2. Parsimonia: Lentitud con que se realiza o se dice una cosa.
3. Lúgubre: Que produce temor o
tristeza.
4. Caftán: INDUMENTARIA Y MODA
Prenda de vestir larga, sin cuello y abierta por delante, usada por los
musulmanes.
5. Superfluo: Que
es innecesario o inútil.



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